Histórica caída de un gigante tecnológico en Wall Street: su acción se desplomó un 25%

La volatilidad financiera impactó con fuerza a una de las corporaciones estadounidenses más emblemáticas, que enfrentó inquietudes sobre su desempeño trimestral y la reacción inmediata de los mercados
ECONOMIAHace 2 horas

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La cotización de IBM sufrió una histórica baja del 25% el martes luego de que su director ejecutivo, Arvind Krishna, admitió que los resultados preliminares del segundo trimestre fiscal no cumplieron con las expectativas. En el premercado del miércoles, la acción de “Big Blue” recuperaba apenas un 1,2%.

El retroceso bursátil se produjo cuando la empresa tecnológica anunció que los ingresos para el trimestre terminado en junio alcanzaron los USD 17.200 millones, apenas un 1% por encima del mismo periodo del año anterior.

El propio Krishna expresó en una carta dirigida a los inversores: Este trimestre flaqueamos. No nos adaptamos ni actuamos con la suficiente rapidez, y numerosos acuerdos importantes no se cerraron en los plazos previstos, lo que generó la mayor parte de nuestro déficit", en referencia a los desafíos que enfrentó la compañía en el actual contexto de transformación tecnológica.

La caída de la acción llevó el valor unitario a 216,8 dólares durante la jornada, lo que generó alarma entre los principales actores del sector financiero. Las operaciones previas a la apertura de Wall Street ya mostraban una baja del 18%, que se profundizó hasta alcanzar el 24,11% apenas diez minutos después del inicio de la sesión. El desplome del martes representó la peor jornada para IBM desde el 19 de octubre de 1987, cuando la acción retrocedió un 23,7%.

Los motivos de la baja se vincularon, según la empresa, con cambios en los hábitos de inversión de sus principales clientes corporativos. IBM atribuyó los resultados a la necesidad de las compañías de priorizar compras de infraestructura tecnológica relacionada con inteligencia artificial, lo que desplazó el gasto desde productos tradicionales de mayor margen como los servidores centrales (“mainframes”) y el software asociado. La compañía informó que, hacia el final de junio, muchos clientes se adelantaron a la adquisición de hardware por temor a subas de precios, lo que alteró el flujo habitual de ventas y afectó especialmente a la línea de servidores centrales.

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En la carta a los inversores, Krishna explicó que la empresa inició el lanzamiento de la próxima generación de su ordenador central de alto rendimiento, el z17, con la expectativa de completar el proceso durante el segundo trimestre. Sin embargo, el resultado no cumplió con las previsiones internas.

El ejecutivo indicó: “La realidad fue peor de lo que esperábamos, debido al menor rendimiento de nuestra línea Z y del software asociado, principalmente en el área de Procesamiento de Transacciones”, y vinculó esa situación a los ajustes en los planes de gasto de capital de los clientes.

Las consecuencias de este entorno se reflejaron en los distintos segmentos de negocio de IBM. La división de infraestructura, que agrupa el área de servidores, registró una caída del 7% en ingresos, mientras que el software aumentó solo un 5%, por debajo de las proyecciones empresariales. La unidad Red Hat, especializada en software de fuente abierta, fue uno de los pocos focos de crecimiento, con un incremento del 11% en su facturación. Además, el segmento de servidores y almacenamiento que no incluye a los servidores centrales subió un 37%, lo que mostró algunos cambios en la demanda interna de la firma.

IBM también señaló que los desafíos vinculados a la ciberseguridad influyeron en la demora y cancelación de acuerdos importantes durante el trimestre. La empresa destacó que “un número significativo de acuerdos no fue cerrado a tiempo”, lo que sumó presión al balance financiero presentado ante los inversores.

La reacción inmediata del mercado puso en primer plano las dificultades que enfrentan las grandes tecnológicas tradicionales en un entorno marcado por la transición acelerada hacia soluciones de inteligencia artificial y la competencia global por la infraestructura digital. La carrera para construir capacidades avanzadas de IA elevó la demanda de procesadores, sistemas de almacenamiento y servidores, lo que a su vez encareció los insumos y redujo la disponibilidad de componentes clave en toda la industria.

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