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title: "La paradoja del dólar: se apreció 13,3% y las exportaciones crecieron 23,5%"
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description: "Argentina exportó US$ 10.036 millones en septiembre, un récord histórico, pese a la apreciación cambiaria. Los números que desafían uno de los grandes dogmas de la economía argentina."
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date_published: "2026-10-23T09:47:00-03:00"
date_modified: "2026-10-23T09:48:49-03:00"
tags:
  - "economía argentina"
  - "Exportaciones"
  - "Indec"
  - "Minería"
category_name: "ECONOMIA"
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# La paradoja del dólar: se apreció 13,3% y las exportaciones crecieron 23,5%

![6ad93c584e016__950x512](https://statics.eleconomista.com.ar/2026/10/crop/6ad93c584e016__950x512.webp)

Durante años, la discusión económica argentina quedó atrapada en un reflejo casi automático: ante cada obstáculo, devaluar para exportar. Los datos de 2026 obligan a revisar esa relación. En septiembre, las exportaciones argentinas alcanzaron US$ 10.036 millones, un récord histórico, con un crecimiento interanual del 23,5%. Al mismo tiempo, el tipo de cambio real multilateral se apreció 13,3% respecto de septiembre de 2025.

Hay una precisión importante, el aumento del valor exportado no equivale íntegramente a mayores cantidades vendidas. En septiembre,**los precios de exportación subieron 16,4% interanual y las cantidades, 6,1%**. Aun así, la pregunta permanece. ¿qué explica el crecimiento exportador en un contexto de apreciación cambiaria?

La respuesta exige mirar más allá del dólar. El tipo de cambio importa, especialmente para las actividades que compiten con importaciones y las economías regionales con márgenes ajustados. Pero no explica por sí solo la capacidad de vender al mundo. En el desempeño exportador de este año confluyen inversiones acumuladas, precios internacionales, infraestructura, nuevos mercados y cambios en la estructura productiva.

## **La energía cambia el mapa**

El primer motor es la energía. Entre enero y septiembre, las exportaciones de Combustibles y Energía crecieron 53,6%. Solo en septiembre alcanzaron US$ 1.781 millones, 89,1% más que un año atrás, y explicaron el 44% del incremento total de las ventas externas del mes. **El petróleo crudo se consolidó como el principal producto de exportación del país**, una transformación difícil de imaginar una década atrás.

Vaca Muerta muestra por qué la discusión cambiaria resulta insuficiente. Su capacidad exportadora depende de inversiones de largo plazo, pozos perforados, infraestructura de transporte y evacuación y conexiones con los mercados externos. Son decisiones que no se toman de un trimestre al siguiente ni responden exclusivamente a la cotización del dólar.

![69207b28692dc__780x780](https://statics.eleconomista.com.ar/2025/11/crop/69207b28692dc__780x780.webp)

El cambio también es territorial. La Patagonia pasó de representar el 8,2% de las exportaciones argentinas en 2015 al 17,7% en 2026. Neuquén pasó de exportar US$ 107 millones a US$ 7.036 millones. La geografía exportadora está cambi

## **La competitividad no es solo precio**

El tercer motor es la diversificación de mercados. Mientras las exportaciones a Brasil crecieron 4,5%, las destinadas a Estados

El récord actual se apoya, en buena medida, en inversiones realizadas durante años anteriores. **Si esa capacidad no se amplía y mantiene, el crecimiento puede perder impulso. Por eso, celebrar un superávit comercial de USD 21.198 millones en lo que va del año es razonable, pero mirar solo el saldo significa observar el resultado sin examinar el proceso que lo produce.**

El desafío argentino no consiste en devaluar para exportar a costa de encarecer los insumos de la propia industria, ni en conformarse con una buena coyuntura. Consiste en transformar la expansión exportadora en acumulación de capacidades productivas. Eso requiere estabilidad macroeconómica, inversión, infraestructura, capacitación, financiamiento y desarrollo de proveedores, con una mirada territorial que permita ampliar las oportunidades en las provincias.

**La verdadera pregunta no es solamente cuánto exporta la Argentina, sino qué estructura productiva puede construir a partir de esas exportaciones. Si cada nuevo dólar que ingresa contribuye a desarrollar empresas, incorporar conocimiento y ampliar las capacidades regionales, el crecimiento exportador dejará de ser un resultado favorable de la coyuntura para convertirse en una estrategia de desarrollo.**

Porque exportar más es indispensable. Pero convertir esas exportaciones en productividad y capacidades productivas es lo que puede cambiar el rumbo de la economía argentina.

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Unidos aumentaron 35,2%; las dirigidas al bloque ASEAN, 64,5%; a India, 17,3%, y a China, 9,6%.

Ampliar los destinos reduce la exposición a las fluctuaciones de un solo socio comercial. Pero la competitividad no depende únicamente del precio al que se vende. También requiere calidad, escala, logística, financiamiento y capacidad para cumplir contratos de manera sostenida. Una devaluación puede modificar los precios relativos; no construye por sí sola esas condiciones.

La estabilidad macroeconómica también importa. Exportar manufacturas exige inversiones, contratación de personal y relaciones comerciales que se construyen durante años. La incertidumbre cambiaria dificulta esas decisiones, mientras que una mayor previsibilidad puede favorecerlas. Sin embargo, estabilidad no equivale automáticamente a crecimiento exportador. Hace falta productividad, infraestructura, financiamiento y empresas capaces de competir internacionalmente.

## **La productividad, la gran olvidada**

El INDEC publicó mediciones que permiten dimensionar el problema estructural argentino. Entre 2016 y 2025, la productividad total de los factores cayó a una tasa promedio anual del 0,9%, mientras el stock de capital creció apenas 1,6% por año. En 2025, la productividad aumentó 2,8%, el primer registro positivo desde 2016.

Estos datos obligan a ampliar la discusión cambiaria. Una economía que acumula poco capital y pierde productividad tiene dificultades para sostener el crecimiento y competir internacionalmente. **La devaluación puede alterar los precios relativos, pero no resuelve esas limitaciones**. Incluso puede encarecer la maquinaria, los insumos y las piezas importadas que la propia industria necesita para producir y exportar.

La relación entre productividad y competitividad merece, por eso, mayor atención. El tipo de cambio observado no refleja exclusivamente decisiones de política cambiaria, también intervienen cambios estructurales y diferencias de productividad. Determinar cuánto pesa cada factor requiere investigación adicional, pero la pregunta es central para una estrategia exportadora de largo plazo.

## **Del récord a las capacidades**

El crecimiento exportador también presenta señales de alerta.**Las importaciones de bienes de capital cayeron 6,5% y las de piezas y accesorios, 17,5%**. Estas variaciones merecen seguimiento porque pueden anticipar dificultades para ampliar o reponer la capacidad productiva, aunque no bastan por sí solas para demostrar una caída equivalente de la inversión.

ando y, con ella, deberían cambiar las prioridades de la política productiva.

Esto no demuestra que el tipo de cambio sea irrelevante. La energía responde en buena medida a inversiones realizadas durante años anteriores. Pero sí muestra que la capacidad exportadora depende de factores que van mucho más allá de los precios relativos.

## **Más manufacturas, ¿pero qué industria?**

El segundo motor son las manufacturas de origen industrial (MOI), cuyas exportaciones crecieron 23,0%, por encima de los productos primarios (+14,5%) y las manufacturas de origen agropecuario (+14,3%). Las MOI representan el 26,4% de las exportaciones totales.

La composición importa tanto como el crecimiento. Entre los rubros dinámicos aparecen piedras y metales preciosos (+40,8%) y productos químicos (+36,5%). Parte de esta expansión está vinculada con la transformación de recursos naturales. No necesariamente estamos ante el regreso de la industria sustitutiva tradicional, sino frente a una oportunidad diferente, la de desarrollar actividades industriales, tecnológicas y de servicios alrededor de la energía y la minería.

Pero exportar más productos industriales no garantiza, por sí solo, una mayor integración nacional o una estructura productiva más compleja. El desafío es cuánto valor se agrega localmente, cuántos proveedores nacionales participan y qué conocimientos se incorporan. Vaca Muerta y la minería pueden convertirse en plataformas para desarrollar ingeniería, maquinaria, insumos y servicios especializados. Ese resultado, sin embargo, no aparece automáticamente, requiere de inversión y una estrategia de desarrollo de proveedores.

El récord actual se apoya, en buena medida, en inversiones realizadas durante años anteriores. **Si esa capacidad no se amplía y mantiene, el crecimiento puede perder impulso. Por eso, celebrar un superávit comercial de USD 21.198 millones en lo que va del año es razonable, pero mirar solo el saldo significa observar el resultado sin examinar el proceso que lo produce.**

El desafío argentino no consiste en devaluar para exportar a costa de encarecer los insumos de la propia industria, ni en conformarse con una buena coyuntura. Consiste en transformar la expansión exportadora en acumulación de capacidades productivas. Eso requiere estabilidad macroeconómica, inversión, infraestructura, capacitación, financiamiento y desarrollo de proveedores, con una mirada territorial que permita ampliar las oportunidades en las provincias.

**La verdadera pregunta no es solamente cuánto exporta la Argentina, sino qué estructura productiva puede construir a partir de esas exportaciones. Si cada nuevo dólar que ingresa contribuye a desarrollar empresas, incorporar conocimiento y ampliar las capacidades regionales, el crecimiento exportador dejará de ser un resultado favorable de la coyuntura para convertirse en una estrategia de desarrollo.**

Porque exportar más es indispensable. Pero convertir esas exportaciones en productividad y capacidades productivas es lo que puede cambiar el rumbo de la economía argentina.

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