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title: "Lula ganó, pero se viene lo peor: ¿crisis e impeachment en Brasil?"
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description: "Lula protagonizó una remontada electoral histórica en Brasil y derrotó a Flávio Bolsonaro contra todos los pronósticos."
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  - "Brasil"
  - "Flávio Bolsonaro"
  - "Lula da Silva"
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# Lula ganó, pero se viene lo peor: ¿crisis e impeachment en Brasil?

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Pero su victoria podría convertirse en una pesadilla política y económica. En una nueva edición de Fenómeno Barrial, Andrés Malamud y Pablo Castro analizan las claves de una elección que sorprendió a las encuestas, sacudió a los mercados y dejó al presidente brasileño frente a un Congreso dominado por la derecha. ¿Por qué ganó Lula? ¿Qué papel tuvieron las redes sociales? ¿Por qué se desplomaron el real y la Bolsa brasileña?

## **Las mejores frases del podcast**

- Remontada increíble la de Luiz Inácio Lula da Silva: inesperada para las encuestas, inesperada para los mercados e inesperada para los registros históricos, porque nunca antes se había dado en Brasil una reversión del resultado electoral.
- Nunca antes quien había perdido en la primera vuelta había logrado ganar en la segunda. Esto demuestra que en política no hay que esperar que el futuro se parezca siempre al pasado.
- Brasil es otro país federal, y los regímenes federales son más la excepción que la regla. Tiene un sistema federal de tres niveles porque les otorga mucha autonomía a los municipios.
- En la Argentina no es así: la organización municipal depende de cada provincia, de modo que el federalismo se da entre la Nación y las provincias, y cada provincia se arregla con su propio régimen municipal.
- Los países federales son una hiperminoría: según cómo se los cuente, son entre 23 y 25 sobre cerca de 200 Estados.
- La característica común que tienen, salvo excepciones, es el tamaño: son los más grandes en superficie o en población.
- Justamente, el federalismo es un sistema que redistribuye competencias para reducir la escala cuando un territorio es demasiado grande y difícil de gestionar, partiéndolo en unidades menores.
- En general, se considera que el federalismo es un sistema en el cual existe una entidad de gobierno intermedia entre el gobierno nacional y los gobiernos municipales; casi todos los países tienen gobierno nacional y municipios, pero no todos tienen estados, provincias o *Länder*.
- Las competencias delegadas por la Constitución Nacional varían entre un país y otro, y a veces dentro del mismo país. Uno de los esquemas descentralizados más heterogéneos que existen es el caso español, donde algunas comunidades autónomas tienen derecho a cobrar impuestos y otras no, algunas tienen policía propia y otras no, y algunas tienen idioma propio y otras no.
- El caso argentino es mucho más homogéneo, tanto que no existe nada parecido al independentismo o al separatismo.
- El Movimiento Popular Neuquino, el partido que gobernó Neuquén durante décadas, nunca pretendió que los neuquinos fueran diferentes al resto de los argentinos; simplemente defendía los intereses de la unidad territorial llamada Neuquén. No reclamaban para sí una identidad étnica ni lingüística, y mucho menos el separatismo.
- ¿Qué les atribuye nuestra Constitución de manera exclusiva a las provincias? Fundamentalmente, la educación y los recursos naturales.
- En el caso brasileño hubo una elección simultánea de presidente y de los 27 gobernadores. Brasil tiene un sistema de balotaje limpio y clásico: con el 50% más uno de los votos se gana en primera vuelta y, si nadie alcanza ese piso, los dos más votados pasan a la segunda vuelta.
- De las 27 gobernaciones, 20 se habían definido en la primera vuelta y 7 se resolvieron en esta instancia, quedando en su mayoría, al igual que el Congreso, en manos de la derecha.
- Esto significa que Lula, a pesar de haber logrado una victoria enorme —el doble de ventaja que hace cuatro años cuando le ganó a Jair Bolsonaro por algo más de un punto, mientras que ahora se impuso por más de tres puntos y sacó cuatro millones y medio de votos de diferencia—, enfrenta un Congreso muy hostil y gobernaciones que no le responden.
- Lo que no tiene es la necesidad de cogobernar con los gobernadores. Esa es una característica muy argentina, donde los mandatarios provinciales manejan paquetes legislativos, controlan la carrera política de senadores y diputados y, por lo tanto, negocian en el Congreso como si ellos mismos ocuparan las bancas.
- En Brasil los legisladores tienen autonomía y los presidentes tienen que negociar directamente con ellos, lo cual no siempre es mejor y en este caso va a ser complicado.
- La Cámara de Diputados en Brasil tiene 513 bancas. Son tantas que ni siquiera hay lugar físico para todos al mismo tiempo, algo que también ocurre en el Parlamento británico: si asisten todos juntos, algunos quedan de pie, por lo que para votar van pasando y se turnan, a veces mediante mecanismos electrónicos y a veces a los gritos tradicionales.
- De esas 513 bancas, la izquierda tiene alrededor de 124 y la derecha unas 132. Está bastante parejo, pero en el medio hay 257 diputados —cerca de la mitad del cuerpo— que integran el famoso *Centrão*. El *Centrão* es un bloque de centro, levemente inclinado hacia la derecha, pero dispuesto a ir para cualquier lado mientras haya recursos. Y ahí radica el problema: en Brasil hoy hay poco dinero porque atraviesa un inmenso apretón fiscal.
- Mientras tanto, el panorama en el Senado es peor. En una cámara de 81 miembros —tres por cada uno de los 27 estados—, hay 15 senadores de izquierda, 31 de derecha y 35 del *Centrão*, que allí son mucho más cercanos a la derecha que a la izquierda.
- Por lo tanto, Lula va a tener que recurrir a su carisma, a su muñeca política y a los fondos federales para construir coaliciones. El presidencialismo de coalición es la manera en que funciona el presidencialismo federal multipartidario de Brasil, pero en este mandato Lula tendrá muchas más dificultades para gobernar que hasta ahora, a pesar de haber ganado por un margen mayor que en la elección anterior.
- Para explicar este resultado tan inesperado, en el que Lula sumó casi diez millones y medio de votos respecto de la primera vuelta, hay que pensar que logró captar tanto a la gran mayoría de los nuevos votantes que no habían ido a votar en la primera instancia como a la mayoría de quienes se habían inclinado por terceras opciones o habían votado en blanco y ahora cambiaron su voto.
- La clave estuvo en la digitalización de la campaña electoral, con una figura central: el diputado André Janones, un dirigente joven e *influencer* que armó en las redes sociales lo que se llamó el "ejército de Lula".
- Lula nunca tuvo celular ni manejó sus redes, y contaba con menos seguidores en todas las plataformas que el campo bolsonarista, donde tallaban fuerte los jóvenes *influencers* de derecha.
- Entre la primera y la segunda vuelta, le pusieron un teléfono en las manos y empezaron a producir piezas digitales como nunca se había visto: una expresión de modernidad bien del siglo XXI para un político formado en el corazón del siglo XX.
- Además, el ejército digital de Lula, que proyectaba reunir a 300.000 activistas, llegó a los diez millones. Fue una máquina de movilización popular: la digitalización fue el instrumento, pero el objetivo fue la movilización callejera.
- Movilizaron a Brasil. El último día antes de las elecciones reunieron a dos millones de personas en San Pablo; la expectativa original era que, aunque no alcanzara para ganar, esa demostración de fuerza iba a condicionar al vencedor mostrando que la derecha no era lo único que existía en el país.
- Les fue mucho mejor de lo que esperaban: no necesitaron condicionar, ganaron. Y en ese desenlace también intervinieron los errores ajenos, en especial el hecho de que Flávio Bolsonaro ya se viera presidente y en su entorno hubieran empezado a repartirse los ministerios.
- A eso se sumó el error de burlarse de los nueve dedos de Lula. Ese insulto no fue solamente una agresión hacia una persona con una limitación física, sino que tocó un símbolo que Lula asocia a su condición histórica de trabajador: él perdió el dedo trabajando en una fábrica desde muy joven, algo que Flávio Bolsonaro nunca hizo, ya que es empleado legislativo desde los 19 años y nunca tuvo otro trabajo fuera del Estado.
- Lula se indignó, le exigió disculpas públicas y Flávio Bolsonaro tuvo que pedir perdón. A partir de ese instante quedó claro que el dedo de Lula iba a aparecer en algún momento, y terminó apareciendo la noche de la elección: lo encontró el proctólogo de Flávio Bolsonaro.
- Lula aprovechó ese error no forzado para señalar a su rival como parte de la casta política y presentarse a sí mismo como un trabajador.
- El punto central pasaba por convencer a los votantes moderados del medio y lograr que quienes se sumaban a votar en la segunda vuelta se volcaran de forma asimétrica, algo bastante inusual. Justamente por lo inesperado del desenlace se dio la fuerte corrección en los mercados el lunes por la mañana.
- Desde el punto de vista financiero, vale aclarar que el mercado no reacciona por simpatía ideológica hacia la izquierda o hacia la derecha, sino que reacciona ante la información nueva.
- La información previa que tenían los operadores era que Flávio Bolsonaro ganaba la elección: aunque las encuestas mostraban paridad, parecía menos probable que los votantes de terceros candidatos se inclinaran hacia la izquierda antes que hacia la derecha, y plataformas de apuestas como Polymarket lo ubicaban claramente arriba a Flávio.
- Cuando gana Lula contra los pronósticos, ingresa información nueva y los activos caen; tres semanas antes había ocurrido exactamente lo opuesto: se daba a Lula por ganador, se impuso Flávio en primera vuelta y los mercados subieron.
- Los datos de la jornada mostraron una depreciación inicial del real del 12%, que luego se moderó al 9%, mientras que el índice bursátil medido en reales llegó a caer un 16% y luego operó un 14% abajo.
- Uno de los indicadores más relevantes fue que la curva de tasas de interés de los futuros domésticos se disparó con fuerza hacia arriba.
- Si se toma ese dato de manera literal, indica que el mercado anticipa o bien una salida de activos domésticos, o bien que el Banco Central de Brasil va a detener o moderar el ciclo de baja de tasas de interés.
- Respecto de qué factor va a pesar más en la estabilización de los mercados, el gran elefante en la sala es el frente fiscal.
- Se puede trazar un escenario muy optimista en el que el gobierno aprovecha la legitimidad propia del nombre de Lula dentro de la izquierda para aplicar recortes y sacrificios en acuerdo con un Congreso de derecha, tal como hizo en 2003.
- También se puede imaginar el escenario opuesto, en el que Lula decide ignorar el desequilibrio fiscal, el Congreso inclinado a la derecha decide apremiarlo y el país entra en una etapa de parálisis y disfuncionalidad que deriva en una crisis a mediano plazo.
- En este nuevo período de cohabitación con un Congreso adverso, hay que recordar que, a diferencia de lo que ocurre en la Argentina o en los Estados Unidos, en Brasil el vicepresidente no preside el Senado. El Senado tiene tanta autonomía como la Cámara de Diputados y, en ciertos aspectos institucionales, queda un escalón por detrás en la línea de sucesión presidencial, que integran el presidente, el vicepresidente, el presidente de la Cámara de Diputados y recién después el presidente del Senado.
- Sin embargo, el rol del vicepresidente reelecto, Geraldo Alckmin, va a ser fundamental para tejer coaliciones creíbles tanto entre las fuerzas políticas como frente al mercado.
- La trayectoria de Alckmin explica ese papel: fue durante varios mandatos gobernador de San Pablo, el estado más grande y rico de Brasil, un distrito que el PT nunca pudo gobernar a nivel estadual a pesar de haber administrado tres veces la alcaldía de la capital paulista.
- Además, fue rival directo de Lula en el balotaje de 2006, la segunda vez que Lula ganó la presidencia: antes de vencer dos veces a la familia Bolsonaro, Lula les había ganado dos elecciones a candidatos "tucanos" del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), primero a José Serra y luego al propio Alckmin.
- Alckmin terminó integrando la fórmula como vicepresidente de Lula tras desafiliarse de su histórico partido. Es una figura de confianza para los mercados, muy conocida tanto por la dirigencia política tradicional como por la comunidad empresaria y financiera de San Pablo.
- Muchos incluso piensan que podría ser el sucesor político de Lula, a pesar de que no es alguien joven. A diferencia de la Argentina —donde un vicepresidente que cumple dos mandatos consecutivos de cuatro años junto al presidente no puede postularse inmediatamente a la presidencia—, en Brasil, al igual que en los Estados Unidos, el vice sí está habilitado para suceder al presidente.
- Por lo tanto, no sería extraño que exista un acuerdo interno dentro de la fórmula para que Alckmin sea el encargado de gestionar el día a día del gobierno y tender puentes en un período en el cual Lula arranca victorioso en las urnas y con respaldo de las masas, pero complicado frente a los factores de poder.
- Se abre un escenario de hostilidad entre el Ejecutivo y el Legislativo y de parálisis, porque en Brasil el Ejecutivo, aunque quiera hacer el ajuste, no tiene herramientas para aplicarlo por la poca flexibilidad del gasto público. Para hacerlo necesita al Congreso, y el Congreso brasileño es uno de los más fuertes del mundo porque tiene mucha autonomía presupuestaria.
- Los legisladores son capaces de votar partidas enormes y anónimas sin intervención del presidente y con muy baja disciplina partidaria. Por lo tanto, no alcanza con negociar con tres presidentes de bloque para componer una mayoría, sino que hay que negociar con varias decenas de diputados individuales.
- La mesa de conducción de la Cámara refleja esta fragmentación, de modo que las negociaciones son siempre complejas y caras. Precisamente por eso es muy posible imaginar un escenario en el que el Congreso y el Ejecutivo no se pongan de acuerdo sobre qué recortar, cómo y cuándo, y que esa parálisis lleve a algún tipo de crisis en la que el mercado empiece a correr al Gobierno.
- Eso es algo que se comenta en los pasillos: incluso en el PT saben que hay que celebrar el día de la victoria y el día posterior, pero a partir de ese momento empieza un gran dolor de cabeza.
- Brian Winter, un gran especialista en Brasil, dice que la mejor noticia del domingo para Lula fue la victoria y que la peor noticia del domingo para Lula también fue la victoria, porque estos cuatro años que le esperan van a ser los más difíciles de su historia.
- Quienes conocen Brasil y estudian los alineamientos voto por voto recuerdan que el país tiene una tradición de juicio político: en estos cuarenta años de democracia destituyó por *impeachment* a dos presidentes, a Fernando Collor de Mello y a Dilma Rousseff, quien había asumido en un escenario fiscal similar o incluso no tan grave como el que hoy tiene enfrente Lula.
- Por lo tanto, es una hipótesis muy factible. En el Senado se puede llegar a juntar la mayoría necesaria —no con facilidad, pero sí de forma factible—, mientras que en Diputados todavía es más complejo porque hay que unir más pedacitos. A esto se suma el papel del Poder Judicial.
- El Poder Judicial en Brasil funciona al revés que en la Argentina. En nuestro país opera lo que la politóloga estadounidense Gretchen Helmke denominó "defección estratégica". Al analizar cómo fallaba la Corte Suprema, descubrió que lo hacía en función del poder que viene: cuando el gobierno de turno es fuerte, los jueces son leales al oficialismo; cuando el gobierno se debilita, pasan a ser leales al poder que creen que va a venir. Siempre fallan a favor de quien piensan que los puede echar, debido a la fragilidad institucional en la que se encuentran.
- En cambio, una investigación reciente sobre los jueces brasileños que el politólogo Carlos Pereira presentó esta semana en Lisboa muestra que allá ocurre lo inverso.
- Los magistrados en Brasil perciben que no hay incertidumbre institucional ni existen antecedentes o capacidad política para destituirlos, porque la fragmentación del sistema partidario dificulta que las fuerzas se unan para removerlos.
- Por lo tanto, hacen lo que quieren. Son inmunes —y algunos dicen impunes— al punto de haber sido capaces de meter presos a dos expresidentes, primero a Lula y después a Bolsonaro, y bancársela; incluso, en ocasiones, fueron los mismos jueces los que metieron preso a uno y después lo sacaron.
- Pueden jugar con la política porque se sienten seguros frente a ella, al revés de lo que pasa en la Argentina, donde hay pedidos de juicio político a los jueces de forma permanente y, cuando no los hay, existen aprietes para que renuncien.
- Una de las mejores Cortes Supremas de la Argentina fue la que armó Néstor Kirchner, pero para lograrlo presionó a los jueces anteriores para que renunciaran; eso en Brasil, hasta ahora, no pasa.
- A partir de este resultado inesperado, todos los actores políticos argentinos cambiaron el discurso. Los mileístas salieron a decir que el triunfo de Lula les conviene porque mantiene vivo al antagonista y conserva la exclusividad del vínculo con Donald Trump.
- Por su parte, los kirchneristas —que tras la primera vuelta se habían consolado con la victoria de Flávio Bolsonaro pensando que eso demostraba que desde la prisión se podía poner a un presidente— tuvieron que retomar el ovillo, dar marcha atrás y volver al argumento original de festejar a Lula.
- Es notable cómo, tanto en la victoria de uno como en la del otro, cada espacio político en la Argentina encontraba un argumento a favor y otro en contra.
- En Brasil predominó el *statu quo*, lo que abre varias interpretaciones. La primera es que están cambiando las tendencias regionales; la segunda es que se trata de una excepción y que una golondrina no hace verano.
- Una tercera lectura es que sobreanalizamos los procesos: les dimos demasiada importancia a elecciones que se definían por un punto porcentual. Varias cayeron para el mismo lado por apenas un punto y nos pareció que estábamos ante un cambio de era, cuando en realidad era una moneda tirada al aire.
- Quizás buscamos patrones donde no los había, una característica típica del ser humano, que tiende a ver caras en las nubes porque evolucionó buscando rostros para defenderse de los depredadores en el bosque. Los politólogos también buscamos patrones todo el tiempo.
- Habrá que esperar a las próximas elecciones: vienen varias en camino fuera de América Latina. Si tras las derrotas de la derecha de Aleksandar Vučić en Serbia y de Bolsonaro en Brasil este domingo, el martes pierde Bibi Netanyahu en Israel y el 3 de noviembre le va mal a Trump en las elecciones de medio término, podríamos encontrarnos ante cierta tendencia global en contra de las derechas.
- Será España, el 29 de noviembre, la que nos diga si esa tendencia se confirma o si, en realidad, cada país es un mundo y conviene dejar de buscar patrones porque la gente vota como quiere sin consultarnos a los politólogos.
- Otra hipótesis más sencilla es que el oficialismo que decepciona, pierde, y que la ciudadanía vota según sus expectativas. Esta lectura puede dejar conformes a ambos lados de la grieta en la Argentina.
- Algunos dirán que Lula no había decepcionado tanto y que su gestión fue razonable —en cuyo caso los peronistas tendrán que recordar que en Brasil no hay retenciones ni cepo, el Banco Central es independiente y las deudas se pagan—.
- Otros podrán advertir que, si la gestión económica no satisface a la mayoría de los votantes, por más que un gobierno dé la batalla cultural y luche contra la casta, tal vez la gente igual le dé la espalda. Habrá que ver qué nos dice la economía en los próximos días.

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